Demi:
Cuando se piensa que con un kilo de uranio, se puede producir tanta energía como si quemáramos 1.000 toneladas de carbón la respuesta parece fácil
Pero el debate de la construcción de la planta , tanto en Chile como en el exterior, pasa por los riesgos que supone un eventual accidente, asunto que cobra actualidad al cumplirse por estos días 20 años de la peor catástrofe nuclear de la historia: la explosión de un reactor de la central de Chernobyl, en la actual Ucrania, que esparció 200 veces la radiación que causaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki, que ha provocado la muerte de cientos de miles de personas y que dejó millones de afectados.
La seguridad de la energía nuclear, tema en el cual se han hecho notables avances en los últimos años, es un punto a considerar, así como qué hacer con los residuos que provoca. También es necesario considerar sus ventajas, como su limpieza, la estabilidad de los países productores de uranio (del que Chile tiene reservas), y la predictibilidad de los costos de operación.
Las centrales nucleares apenas emiten dióxido de carbono y otros contaminantes atmosféricos (dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno), pero tampoco la energía eólica o las diferentes aplicaciones de la energía solar, y las energías renovables, a diferencia de la energía nuclear, no suponen un riesgo para el medio ambiente a lo largo de todo su ciclo de vida.
Las nucleares contaminan en todas las fases, partiendo de las mismas minas de uranio, donde liberan gas radón y otras sustancias radiactivas, como radio y polonio, y destruyen grandes superficies de terreno (para obtener un kilogramo de uranio se debe remover más de una tonelada de tierra, y de este kilo sólo un 0,7% es U-235).
La radiactividad emitida a lo largo de todo el ciclo de vida se concentra y acumula en la cadena trófica, no pudiéndose hablar de dosis mínimas admisibles, pues todas son peligrosas.
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